viernes, 12 de junio de 2015

Para las personas que partieron a otra vida mejor... :)


Un día mi hijo me preguntó: ¿qué les sucede a las personas cuando mueren?, ¿por qué se van tan lejos? Después de un suspenso y con una sonrisa fingida contesté: -Ninguna persona se va, todos están aquí, y el niño muy astuto preguntó: -¿y por qué entonces no puedo hablar con ellas, por qué no me contestan, por qué no me escuchan, por qué no las puedo ver? Y fue ese uno de los momentos en que hubiera preferido no existir, pero debía responder, entonces dije; -Dicen que las personas al morir se van al cielo, pero la verdad es que cuando alguien muere, se hace transparente por eso no lo puedes ver, porque le copia el color a las estrellas y duerme cada noche sobre una de ellas, pero está aquí, y cuando se va a dormir te observa desde allí, habla con esa persona, te escucha lo juro, ¿y por qué no responde entonces? peguntó, -porque no te hablará con palabras, no la escucharás con tus oídos, sino con tu corazón, y sabrás qué hacer justo cuando te permitas sentir y te resignes a la falsa idea de que esa persona ya no existe, el niño sonrió y dijo: -si te haces transparente antes que yo, júrame que me contarás qué se siente dormir sobre una estrella, y me guardarás un lugar a tu lado, -Claro, contesté, sosteniendo mis lágrimas, -Yo prometo que lo haré, -dijo.

No sabía qué decir, pero aún así nadie sabe si en realidad le mentí, espero que mi teoría sea cierta y una estrella esté reservada para mí... ”

LA CARTA DE DIOS...


 Tú que eres un ser humano, eres mi milagro. Y eres fuerte, capaz, inteligente y lleno de dones y talentos.



Cuenta tus dones y talentos. Entusiásmate con ellos. Reconócete. Encuéntrate. Acéptate. Anímate. Y piensa que desde este momento puedes cambiar tu vida para bien. Si te lo propones y té llenas de

entusiasmo.
Y sobre todo, si te das cuenta de toda la felicidad que puedes conseguir con sólo desearlo.

Eres mi creación más grande. Eres mi milagro. No temas comenzar una nueva vida. No te lamentes
nunca. No te quejes, No te atormentes. No te deprimas.- ¿Cómo puedes temer si eres mi milagro? -. Estás dotado de poderes desconocidos para todas las criaturas del Universo.

Eres ÚNICO. NADIE ES IGUAL  A TI.

Sólo en ti está aceptar el camino de la felicidad y enfrentarlo, y seguir siempre adelante. Hasta el fin.
Simplemente porque eres libre.

En ti está el poder de no atarte a las cosas. Las cosas no hacen la felicidad. Te hice perfecto para que
aprovecharas tu capacidad y no para que te destruyas.

Te di el poder de pensar.
Te di el poder de imaginar.
Te di el poder de amar.
Te di el poder de crear.
Te di el poder de determinar.
Te di el poder de planear.
Te di el poder de elección.
Te di el poder de rezar.
Te di el dominio de elegir tu 
propio destino usando tu voluntad.




Qué has hecho de éstas tremendas fuerzas qué te di?. No importa. De hoy en más, olvida tu pasado, usando sabiamente este poder de elección.


Elige amar, en lugar de no amar.
Elige reír, en lugar de llorar.
Elige crear, en lugar de destruir.
Elige perseverar, en lugar de renunciar.
Elige alabar, en lugar de criticar.
Elige dar, en lugar de no hacerlo.
Elige actuar, en lugar de aplazar.
Elige crecer, en lugar de estancarte.
Elige, elige bendecir, en lugar de blasfemar.
Elige, Elige VIVIR...

- Y aprende a sentir mi presencia en cada acto de tu vida.
- Crece cada día un poco más en el optimismo y en la derrota.
- Yo estoy a tu lado siempre. Llámame. Acuérdate de mí.
- Vivo en ti desde siempre.

Trata de volverte niño, simple inocente, generoso, dador, con capacidad de asombro y capacidad de

conmoverte ante la maravilla de sentirte humano. para que puedas conocer mi amor, puedas sentir una
lágrima, puedas comprender el dolor. No te olvides que eres mi milagro. Que te quiero feliz, con
misericordia, con piedad, para que este mundo que transitas pueda acostumbrarse a reír, siempre que
tú. aprendas a reír. y si eres mi milagro, entonces usa tus dones y cambia tu medio ambiente,

contagiando esperanza y optimismo sin temor, porque yo estoy a tú lado.!!


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Licuado de Avena y Manzana para Adelgazar..


ELIMINA LA GRASA DE TU CUERPO CON AVENA

La avena no sólo es un alimento muy completo, sino que además ayuda a tu cuerpo a eliminar la grasa que se tiene acumulada. Si quieres saber cómo, checa nuestra receta. Muchos nutricionistas recomiendan ingerir avena durante el desayuno para adelgazar, ya que contiene fibra soluble que absorbe una gran cantidad de agua y crea una sensación de saciedad durante horas.

Además, la avena absorbe el colesterol de la sangre y te ayuda a eliminarlo, y recuerda que el colesterol es básicamente grasa. Por si fuera poco, entre sus beneficios está que ayuda a bajar los niveles de azúcar en la sangre, reduce el estreñimiento y reduce el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas. Para que empieces bien el día, te recomendamos tomar un licuado de avena en ayunas, antes del desayuno.

INGREDIENTES:


  • 1/2 taza de avena seca y natural, o salvado de avena
  • 1/2 taza de manzana, no importa si es verde, amarilla o roja
  • 1/2  taza de agua o leche descremada. 

  • Licua todo, si lo sientes muy espeso puedes agregar más líquido.

    Si quieres un poco de variedad, puedes sustituir la manzana por 3 fresas, pero nunca le añadas azúcar, miel, jarabe de maíz ni edulcorantes.



    Si prefieres algo más sólido, mezcla 3 cucharadas de avena con 1 taza de agua o de leche descremada. Puedes tomarla fría o caliente, como a ti te guste. Si la prefieres caliente, colócala 3 minutos en el microondas y agrégale 1/2 taza de manzana picada o fresas.

    Se recomienda tomar el licuado por lo menos 5 días a la semana, y si te animas, puedes cenar el mismo licuado por las noches.

    No hay límite de tiempo, puedes tomarlo por una semana, un mes o un año, ya que más allá de adelgazar, vale la pena hacerlo por sus beneficios en la salud.

    ANTES DE COMENZAR CON CUALQUIER LICUADO PARA BAJAR
    DE PESO, RECOMENDAMOS QUE LO CONSULTES CON TU
    MÉDICO, NOSOTROS DAMOS TIPS SIMPLEMENTE!

    martes, 9 de junio de 2015

    Gracias Señor!!!



    Gracias, Señor, por la paz, la alegría y por la unión que los hombres, mis hermanos, me han brindado, por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron, por esa mano oportuna que me levantó. Gracias, Señor, por esos labios cuyas palabras y sonrisas me alentaron, por esos oídos que me escucharon, por ese corazón de amistad, cariño y amor que me dieron. Gracias, Señor, por el éxito que me estimuló, por la salud que me sostuvo, por la comodidad y diversión que me descansaron. Gracias, Señor, … me cuesta trabajo decírtelo, … por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión, por el insulto y engaño, la injusticia y soledad por el fallecimiento del ser querido. Tú lo sabes, Señor cuán difícil es fue aceptarlo; quizá estuve a punto de la desesperación, pero ahora me doy cuenta de que todo esto me acerco más a Ti. ¡Tú sabes lo que hiciste! Gracias, Señor, sobre todo por la fe que me has dado en Tí y en los hombres; por esa fe que se tambaleó, pero que Tú nunca dejaste de fortalecer, cuando tantas veces encorvado bajo el peso del desánimo, me hizo caminar en el sendero de la verdad, a pesar de la oscuridad. Gracias, Señor, por el perdón que tantas veces debería haberte pedido, pero que por negligencia y orgullo he callado. Gracias, Señor, por perdonar mis omisiones, descuidos y olvidos, mi orgullo y vanidad, mi necesidad y caprichos, mi silencio y mi excesiva locuacidad. Gracias, Señor, por dispensar los prejuicios a mis hermanos, mi falta de alegría y entusiasmo, mi falta de fe y confianza en Ti, mi cobardía y mi temor en mi compromiso. Gracias, Señor, porque me han perdonado y yo no he sabido perdonar con la misma generosidad. Gracias, Señor, por indultar mi hipocresía y doblez, por esa apariencia que con tanto esmero cuido, pero que sé en el fondo no es más que engaño a mí mismo. Gracias, Señor, por disculpar esos labios que no sonrieron, por esa palabra que callé y esas manos que no tendí y esa mirada que desvié, esos oídos que no presté, esa verdad que omití y ese corazón que no amé. Gracias, Señor, por esa protección con que siempre me has preferido y te suplico muy encarecidamente por tu amor, disculpes mi silencio y cobardía. Gracias, Señor, por todos lo que no te dan gracias, por los que no imploran de tu ayuda y por los que no te piden perdón, no abandones las obras de tus manos, y que llenes mi vida de esperanza y generosidad. 

    SEÑOR. Hágase tu voluntad y no la mía.


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    Señor Dame un sueño reparador... Buenas Noches!!



    Querido Dios:

    Mientras estoy aquí en busca de otra buena noche 

    de sueño reparador, dame la paz de la mente y

    la capacidad de relajarme.

    Que tu presencia sea un escudo alrededor de mí 

    y tu ángel de la guardia me proteja de todo mal.

    Cuida a mis seres queridos.

    Dame un sueño reparador, para que así pueda

    satisfacer mis necesidades de restauración física y

    mental que me permitan despertar lista para

    recibir


    otro hermoso día: el cuál espero me permitirás vivir

    para disfrutar gracias a Ti.

    Con Dios me acuesto...Con Dios me levanto,
    ..
    Con la gracia del Padre del Hijo y del Espíritu Santo.

    Sólo Tu Señor me haces vivir confiado.



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    lunes, 1 de junio de 2015

    Si me voy antes que tú…


    No llores por mi ausencia; alégrate por todo lo que hemos amado juntos.


    No me busques entre los muertos, en donde nunca estuvimos, encuéntrame en todas aquellas cosas que no habrían existido, si tú y yo no nos hubiésemos conocido.

    Yo estaré a tu lado, sin duda alguna, en todo lo que hayamos creado juntos: en nuestros hijos por supuesto, pero también en el sudor compartido tanto en el trabajo como en el placer y en las lágrimas que intercambiamos.

    Y en todos aquellos que pasaron a nuestro lado y que, irremediablemente, recibieron algo de nosotros, y llevan incorporado --sin ellos ni nosotros notarlo—algo de ti y algo de mí.

    También nuestros fracasos, nuestra indolencia y nuestros pecados, serán testigos permanentes de que estuvimos vivos y no fuimos ángeles sino humanos.

    No te ates a los recuerdos ni a los objetos, porque dondequiera que mires que hayamos estado, con quienquiera que hables que nos conociese, allá habrá algo mío. Aquello sería distinto, pero indudablemente distinto, si no hubiésemos aceptado vivir juntos nuestro amor durante tantos años; el mundo estará ya siempre salpicado de nosotros.

    No llores mi ausencia, porque sólo te faltará mi palabra nueva y mi calor de ese momento. Llora si quieres, porque el cuerpo se llena de lágrimas ante todo aquello que es más grande que él, que no es capaz de comprender, pero que entiende como algo grandioso, porque cuando la lengua no es capaz de expresar una emoción, ya sólo pueden hablar los ojos.

    Y vive. Vive creando cada día y más que antes. Porque yo no sé como, pero estoy seguro que desde mi otra presencia yo también estaré creando junto a ti, y será precisamente en ese acto de traer algo que no estaba, donde nos habremos encontrado. Sin entenderlo muy bien, pero así, como los granos de trigo que no entienden que su compañero muerto en el campo ha dado vida a muchos nuevos compañeros.

    Así, con esa esperanza, deberás continuar dejando tu huella, para que cuando tu muerte nos vuelva a dar la misma voz, cuando nuestro próximo abrazo nos incorpore ya sin ruptura a la Única Creación, muchos puedan decir de nosotros: si no nos hubiesen amado, el mundo estaría más triste.


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    Medalla de San Benito....Para pedir su protección..


    La medalla de San Benito, propagada en todo el mundo hace más de 300 años, especialmente por los monjes benedictinos, es célebre por su eficacia extraordinaria en el combate contra el demonio y sus manifestaciones; en la defensa contra maleficios de todo género, contra enfermedades, especialmente las contagiosas, contra picaduras de serpientes y otros animales ponzoñosos; en la protección de animales domésticos, vehículos, etc.


    Repetidas veces aprobada y alabada por los Papas, la medalla de San Benito, que une a la fuerza exorcizante de la Santa Cruz del Redentor –la señal de nuestra salvación– el recuerdo de los méritos alcanzados por la santidad eximia del gran Patriarca San Benito, es sin duda muy indicada para los fieles católicos. 

    La imagen de la Cruz representada en la medalla 

    Basta al cristiano considerar brevemente la virtud soberana de la Cruz de Jesucristo, para comprender la dignidad de una medalla en la cual está representada.

    La representación de la Cruz despierta en nosotros todos los sentimientos de gratitud para con Dios, por el beneficio de nuestra salvación.

    La Cruz causa terror a los espíritus malignos, que siempre retroceden ante ella, y apenas la ven se apresuran en soltar su presa y huir. Así pues, nuestra medalla, que representa en primer lugar la imagen de la Cruz, está en perfecta armonía con la piedad cristiana, y ya sólo por este motivo es digna del mayor respeto. 

    La imagen de San Benito representada en la medalla 

    La honra de figurar en la misma medalla junto con la imagen de la Santa Cruz fue concedida a San Benito con la finalidad de indicar la eficacia que tuvo en sus manos esta señal sagrada. San Gregorio Magno, que escribió la vida del Santo Patriarca, nos lo representa disipando con la señal de la Cruz sus propias tentaciones, y quebrando con la misma señal hecha sobre una bebida envenenada, el cáliz que la contenía, quedando así patente el perverso designio de los que habían osado atentar contra su vida. Cuando el espíritu maligno, para aterrorizar a los monjes, les hace ver el Monasterio de Monte casino en llamas, San Benito desvanece ese prodigio diabólico haciendo la misma señal de la Pasión del Salvador sobre las llamas fantásticas. Cuando sus discípulos andan interiormente agitados por las sugestiones del tentador, les indica como remedio trazar sobre el corazón la imagen de la Cruz. Por todo ello, es lícito concluir que era muy conveniente reunir en una sola medalla la imagen del santo Patriarca y la de la Cruz del Salvador.

    Esto queda aún más claro al considerar que los dos grandes discípulos del siervo de Dios, San Plácido y San Mauro, cuando realizaban sus frecuentes milagros tenían la costumbre de invocar junto con el auxilio de la Santa Cruz, el nombre de su santo Fundador, y así consagraron, desde el principio, la piadosa costumbre expresada más tarde por la medalla. 

    Los caracteres que se leen en la medalla 



    Además de las imágenes de la Cruz y de San Benito, la medalla trae también cierto número de letras , cada una de las cuales representa una palabra latina. Las diversas palabras reunidas tienen un sentido que manifiesta la intención de la medalla: expresar las relaciones que existen entre el santo Patriarca Benito y la Santa Cruz; y al mismo tiempo, poner al alcance de los fieles un medio eficaz de emplear la virtud de la Santa Cruz contra los espíritus malignos.

    Esas letras misteriosas se encuentran dispuestas en la cara de la medalla en que está representada la santa Cruz. Examinemos, en primer lugar, las cuatro colocadas entre los brazos de dicha Cruz:

    C S

    P B

    Significan: Cruz Sancti Patris Benedicto; en castellano, Cruz del Santo Padre Benito. Esas palabras explican el fin de la medalla.

    En la línea vertical de la Cruz se lee:

    C

    S

    S

    M

    L

    Lo que quiere decir: Cruz sacra sit mihi lux; en castellano, La Cruz sagrada sea mi luz.

    En la línea horizontal de la misma Cruz, se lee:

    N. D. S. M. D.

    Lo que significa: Non draco sit mihi dux; en castellano, No sea el dragón mi guía.

    Reuniendo esas dos líneas se forma un verso pentámetro, mediante el cual el cristiano expresa su confianza en la Santa Cruz, y su resistencia al yugo que el demonio querría imponerle.

    Alrededor de la medalla existe una inscripción más extensa, que presenta en primer lugar el santísimo nombre de Jesús, expresado por el monograma bien conocido: I. H. S. (En el modelo más conocido de la Medalla de San Benito el monograma I. H. S. fue reemplazado por el lema benedictino PAX; en castellano, Paz). Vienen después, de derecha a izquierda, las siguientes letras:

    V. R. S. N. S. M. V. S. M. Q. L. I. V. B.

    Estas iniciales representan los dos versos siguientes:

    Vade retro satana; nuncuam suave mihi vana

    Sunt mala quae libas; ipse venena bibas.

    En castellano: Apártate, satanás; nunca me aconsejes tus vanidades, la bebida que ofreces es el mal: bebe tú mismo tus venenos.

    Tales palabras se supone que fueron dichas por San Benito: las del primer verso, con ocasión de la tentación que sintió y de la cual triunfó haciendo la señal de la Cruz; las del segundo verso, en el momento en que sus enemigos le presentaron una bebida mortífera, hecho que puso al descubierto bendiciendo con la señal de la vida el cáliz que la contenía.

    El cristiano puede utilizar estas palabras cuantas veces fuere asaltado por tentaciones e insultos del enemigo invisible de nuestra salvación. El mismo Jesucristo Nuestro Señor santificó las palabras Vade retro, satana –Apártate, satanás– y su valor es cierto, una vez que el propio Evangelio nos lo asegura. Las vanidades que el demonio nos aconseja son las desobediencias a la ley de Dios, las pompas y falsas máximas del mundo. La bebida que el ángel de las tinieblas nos presenta es el pecado, que da muerte al alma. En vez de aceptarla, devolvámosle tan funesto presente, ya que él mismo lo escogió como herencia suya.

    Basta que alguien pronuncie con fe tales palabras, para sentirse inmediatamente con fuerzas para arrostrar todas las embestidas del infierno. Aun cuando no conociéramos los hechos que demuestran hasta qué punto satanás teme esa medalla, la simple consideración de lo que representa y expresa, bastaría para que la consideráramos una de las más poderosas armas que la bondad de Dios puso a nuestro alcance contra la malicia diabólica. 



    Uso de la medalla de San Benito 

    No ignoramos que en este siglo mucha gente considera que el demonio es más bien un ser imaginario y no real; y así, puede parecer extraño que se acuñe y se bendiga una medalla, empleada como protección contra los ataques del espíritu maligno. Sin embargo, las sagradas Escrituras nos ofrecen innumerables pasajes que dan una idea del poder y la actividad de los demonios, así como de los peligros de alma y cuerpo a que estamos continuamente expuestos por efectos de sus celadas. Para aniquilar su poder no basta ignorar a los demonios y sonreír cuando se oye hablar de sus operaciones. No por eso dejará de continuar el aire siempre lleno de legiones de espíritus de malicia, conforme enseña San Pablo; y si Dios no nos protegiese, aunque casi siempre sin que lo sintamos, por el ministerio de los Santos Ángeles, sería para nosotros imposible evitar las innumerables celadas de estos enemigos de toda criatura de Dios. 

    Ahora bien, el poder de la Santa Cruz contra satanás y sus legiones es tal, que la podemos considerar un escudo invencible que nos hace invulnerables a sus flechas.

    Concluimos entonces cuán ventajoso resulta emplear con fe la medalla de San Benito en las ocasiones en que más temamos los embustes del enemigo. Su protección, no lo dudemos, será eficaz contra todo tipo de tentaciones. Numerosos e innegables hechos señalaron su poderoso auxilio en miles de circunstancias en las cuales, o por acción espontánea de satanás, o por efecto de algún maleficio, los fieles estaban a punto de sucumbir ante un peligro inminente. Podremos igualmente emplearlo a favor de otros, como medio de preservación o de liberación, en previsión de los peligros que deban afrontar.


    A menudo nos amenazan accidentes imprevistos, en tierra o en mar; si llenos de fe llevamos con nosotros la medalla, seremos protegidos. No hay circunstancias de la vida humana, por más materiales que fueren, en que ya no se haya manifestado por su intermedio, la virtud de la Santa Cruz y el poder de San Benito. Así, espíritus malignos, en su odio contra el hombre, embisten contra los animales empleados en su servicio, contra los alimentos que deben sustentar la vida; su intervención maléfica es muchas veces la causa de las enfermedades que padecemos; ahora bien, prueba la experiencia que el uso religioso de la medalla, acompañado por la oración, opera muchas veces el cese de las celadas satánicas, y un notable alivio en las enfermedades, y a veces hasta una curación completa.




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